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domingo, 30 de abril de 2017

¿Por qué una Antropología Filosófica Masónica?

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El hombre ocupa un lugar especial en los estudios de los científicos y filósofos. En el campo de la ciencia, la Antropología Científica se ha dedicado a investigar las propiedades físicas del ser humano, su cráneo, esqueleto, mediciones de sus huesos; se ha comparado con animales con rasgos comunes; examinar los distintos grupos étnicos, su ubicación en el planeta, la cultura; en resumen, la Historia Natural de la Humanidad. En el devenir del tiempo, se desarrollaron especialidades: Antroposociología, Antropobiología, Antropopsicología, y así una serie sucesiva de estudios que integran una gran rama denominada Antropología aplicada, que hacen de la Antropología, la ciencia que estudia la realidad humana.
Dentro de esa variada gama de especialidades, se encuentra la Antropología Filosófica, que no se ocupa de las propiedades objetivas del hombre como ser natural, por ser tema de la Antropología Científica, sino por la manera como el hombre se ha concebido y entendido a sí mismo y su propia esencia en un grado determinado de su desarrollo, dentro de la cultura en que vive. De allí, investigar el sentido y valor de su vida, su destino y el camino que debe seguir.(1)


De la anterior premisa, surgen escuelas filosófica que estudian la relación del hombre con Dios, Antropología Religiosa; el hombre como ser racional, Antropología Racional; el ser humano como creador y hechura de la cultura, Antropología Cultural. Todas estas antropologías están relacionadas con la filosófica. También la masonería, cuyos obreros trabajan en su purificación para hacerse merecedores de ser artesanos en la magna creación del Ser Supremo, igualmente se nutren, sin dogmatismo, de esa fuente. Por ello, intitulamos este trabajo Antropología Filosófica Masónica.

La existencia humana ha sido estudiada por numerosos filósofos. El mundo, para el hombre, es un objeto en el cual intervenimos y, como consecuencia de dicha intromisión, generamos muchas cosas. Es un tema de tiempo y espacio. Así las entidades del mundo y el producto de nuestra injerencia, nos llevan a preguntamos de dónde proceden, para qué sirven, por qué algo es valioso, y así sucesivamente. Ello es porque vivimos en la creación y esos fenómenos los sentimos, muchos los necesitamos, otros los queremos y no pocos interactúan con nosotros. Las entes que no conocemos no existen, aunque estén allí. También las cosas que conocemos las vemos desde diferentes ángulos. El mar es visto y sentido de manera diferente por el pescador, por el poeta, por el guardacostas o por el turista en un crucero. Humanamente hay muchas formas de ver el mismo mar. Así esa geografía es vista por el hombre condicionado por el hombre y al mismo tiempo ese mundo marino determina al hombre.
El tiempo es una variable que también adquiere significación de diferente manera, según sea el hombre. Hay quienes ignoran el pasado, aunque le pese una tonelada en su presente. Para otros el futuro lo consideran un albur, teniendo como único seguro la muerte, por lo que lo abordan de manera peculiar. Para el ateo la muerte es vista por como el fin de la existencia y ya. Las religiones han elaborado variadas respuestas ante las diversas preguntas que conlleva el pensar en el fin de la existencia sensorial. La expiración es un tema denso y no es objeto de este trabajo, pero si podemos afirmar que en este plano físico es parte de nuestra existencia y está ligado a este tiempo, igualmente, terrenal.  
El cómo abordamos estos temas propios de la Antropología Filosófica, nos conduce a diferenciar a los hombres. Hay quienes en su cotidianidad se preocupan tan sólo por sobrevivir y ser felices con bienes materiales que les proporcionan confort y momentos placenteros. Otros, se dedican a investigar el fondo más profundo de su vida. Son personas quienes no se dejan atrapar por las preocupaciones que deparan los trabajos, negocios, vida familiar, social y más. Actúan en ese plano porque necesitan vivir y mantener su familia, contribuir con la comunidad y desenvolverse en la sociedad; pero más allá de lo expuesto, tienen conciencia de que este mundo guarda algo más, que los individuos no son solamente seres destinados a la muerte. Algunos adquieren una angustia que los subsumen en un estado de ánimo inexplicable. Otros se involucran en teorías aprendidas que no están interiorizadas en su ser, en su consciencia, quedando atrapados en una soledad en la que el mundo, si bien es cierto pierde su misterio según ellos lo ven, éste enigma realmente no se comprende y quedan sumergidos en una especie de nada, donde están solos y aislados. Otros buscan conocerse a sí mismo, comprender, primero, que es un ser libre y aunque lo encadenen, siempre su consciencia estará libre y le permitirá construir un camino que se simboliza en la edificación del templo individual y colectivo. De allí que la Antropología Filosófica Masónica es el conocimiento que adquiere el hombre, sin dogmatismo, que aquilata su creencia en la unicidad de un Ser Supremo, que muchos le llaman Jehová, Ala, Buda u otros nombres, y que los masones sintetizamos en el Gran Arquitecto Del Universo; y, finalmente, en la inmortalidad del alma. Estos principios cardinales marcan el rumbo y cada masón construye su camino, bajo enseñanzas simbólicas, basado en principios y una moral sublime que purifica el alma del masón, que le hace ser útil a su familia y a la sociedad donde le ha tocado vivir, además le coloca como un obrero en la Gran Edificación Universal que adelanta el Gran Arquitecto Del Universo.

(1) Leisegang, Hans. Introducción a la Filosofía. Tercera edición en alemán. Primera edición en español. UTEHA. Mèxico. 1961 
  









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