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viernes, 23 de junio de 2017

La segunda ley de la termodinámica y la tendencia hacia el desorden




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La primera ley de la termodinámica establece: “la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma”, este axioma no plantea el destino final de la energía, mientras que la segunda ley,  trata la tendencia hacia el desorden de la misma.
Tener presente estas leyes de la física, propias del mundo manifestado, nos permite comprender como se trasforma la L.·., en la medida en que se aleja del Oriente y se diluye en las tinieblas del Occidente.

Desarrollo
Antes de entrar en el tema, es importante revisar el término irreversible. Veamos la definición de reversible. Entendemos, según el diccionario de la Real Academia,  en física y química es reversible “el proceso ideal que cambia de sentido al alterarse en muy pequeña proporción las causas que lo originan”, mientras que en mecánica “se dice de un mecanismo en que el movimiento de una de sus partes causa el movimiento de otra, y a su vez, moviendo esta última, es posible producir el movimiento de la primera.”
En termodinámica, el concepto de irreversibilidad se aplica a aquellos procesos que, como la entropía, no son reversibles en el tiempo. En termodinámica, la entropía (simbolizada como S) es la magnitud física que mide la parte de la energía que no puede utilizarse para producir trabajo. También es la medida del desorden de un sistema. Una masa de una sustancia con sus moléculas regularmente ordenadas, formando, por ejemplo, un cristal, tiene entropía mucho menor que la misma sustancia en forma de gas, con sus moléculas libres y en pleno desorden.
Revisado estos conceptos, la segunda ley de la termodinámica establece que siempre que la energía se transforma, tiende a pasar de una forma más organizada y concentrada a otra menos organizada y más dispersa. En pocas palabras, cada vez que hay transferencia de energía, una parte deja de ser útil o se dispersa.
Visto así, la primera ley de la termodinámica nos permite contabilizar la energía en un sistema ecológico, inclusive macro, como el Universo; identificando de donde viene y hacia dónde va. Y la segunda ley nos indica que, cuando la energía fluye a través de un sistema ecológico, cada vez es menor su capacidad para producir trabajo.
Sobre esta base se han desarrollado teorías las cuales sostienen que el caos es el destino final de la evolución. Igualmente lo contrario, ya que la naturaleza está repleta de ejemplos en los que el orden surge del caos, desafiando así la segunda ley de la termodinámica. Aunque esta materia es bastante compleja, haremos una aproximación a los fines de tener herramientas que nos ayuden en el análisis.
La tendencia hacia el desorden
En anteriores párrafos hicimos referencia sobre conjeturas que predicen que el destino final del Universo es el caos. Sostienen sus afirmaciones sobre la base del enunciado esbozado en la segunda ley de la termodinámica.  
El punto es que organismos biológicos como el hombre, en sí mismo, y con sus maquinarias pueden transformar el desorden en orden. Lo que pareciera contrariar el enunciado de la Ley. Pueden organizar sustancias difusas procedentes del ambiente. Esto es cierto en casos particulares o aislados. Pero cuando el ecólogo observa el macro, el tema adquiere perspectivas diferentes.
El punto es la contabilidad energética completa en el Universo y cuando se realiza el balance todo apunta hacia un desorden, observando el sistema integro.
Pensemos por un instante la energía que consume el hombre generada a partir del petróleo. Recordemos que el origen de estos hidrocarburos son los residuos fósiles almacenados por miles de años. Las maquinas transforman el combustible en energía que mueven motores, producen electricidad, encienden bombillas, lo que al final se puede reseñar como energía concentrada. Hemos pasado del desorden al orden. Pero al consumirse dicha energía, esta se transforma en calor. Bien sea en la combustión de la gasolina en un vehículo o en la incandescencia de una lámpara o en cualquier proceso en el cual se utiliza o trasmite energía, se produce una degradación de la energía, en calor.
El consumo de alimentos, el caminar, en fin, toda actividad humana requiere de energía. Igual las maquinarias para su funcionamiento. Finalmente, hasta ahora, ninguna tecnología ha podido modificar la consecuencia descrita en la segunda ley de la termodinámica: cuando se emplea energía esta se degrada y se libera calor.
La energía proveniente del sol a través de la biosfera, se transforma en una energía capaz de conducir reacciones y producir trabajo; luego se degrada en calor. O sea, la energía solar pasa a ser concentrada, utilizada y luego diluida en forma de calor.
La observación en macro de esta tendencia permite inferir que la propensión es hacia el desorden.
Conclusión
Partiendo del axioma de que la cantidad total de energía en el Universo permanece constante; aunado a lo anterior, la conjetura de que la concentrada y utilizable disminuye constantemente, nos permiten comprender, sin profundizar en los misterios de la Orden, el porqué la orientación de muchos simbolismos, como la marcha del Ap:. y de los otros grados; cuyo profundo significado la Ciencia masónica viene estudiando ancestralmente y se confirman por medio de leyes de la física enunciadas en épocas recientes. Es una  demostración fehaciente del porque nuestra marcha siempre tiene por destino final el Oriente. Fuente de Luz, símbolo del conocimiento que nos conducen por el sendero rumbo hacía la Verdad.

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