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viernes, 21 de julio de 2017

Renacimiento: humanismo…y filosofía perenne



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Se comienza a llamar Renacimiento la época que comienza en Italia el surgimiento de la Academia platónica y las tendencias aristotélicas. La historiografía identifica otro Renacimiento, el Renacimiento carolingio, llamado así porque se da en la corte de Carlomagno en la Francia del siglo IX. Si nos retrotraemos todavía más en el tiempo, en las Epístolas de San Pablo encontramos el concepto del hombre que nace de nuevo, del hombre carnal al espiritual, que es un significado que pasa de la patrística a la escolástica. Pero cuando se habla de Renacimiento a secas, se entiende éste movimiento que nace en Italia y se expande por Europa y es génesis de muchas escuelas y tendencias.
El Renacimiento abarca todas las expresiones del ser humano, pero atenderemos las actitudes filosóficas más importantes de este tiempo, que se identifica con el humanismo y, al tener como centro el hombre, despierta un  interés por la experiencia, la cual va desde el mundo exterior y la ciencia, hasta el interior del individuo. Es tiempo de retomar y reelaborar el mundo de la Antigüedad y de allí, el surgir de una cantidad de neos que abren un mágico abanico de diversas formas de humanismos, generando desde el neopitagorismo, neoplatonismo, neoaristotelismo, neoepicureísmo, neoescepticismo y más; un humanismo realista, humanismo liberal, naturalismo, ilustración, positivismo, mecanicismo y más.

El paso de la Edad Media a la Edad Moderna es en absoluto brusco. El humanismo, característico del Renacimiento, no es exclusivo de este tiempo. La sabiduría clásica también se estudia en el Medioevo. Pero el espíritu renacentista le imprime un nuevo giro al retomar la libertad de investigación filosófica propia de los clásicos griegos y en ese camino, recuperan a Sócrates, Platón, Aristóteles, Plotino y otros pensadores clásicos y helénicos. El concepto de humanidad se entrelaza con el de historicidad y desmarcan definitivamente la especulación renacentista de la escolástica. Surge la necesidad de comprender la realidad histórica, del momento en que se establece una tesis, del valor de la filología, el humanismo renacentista busca liberar a los clásicos del tratamiento a histórico que le aplican los escolásticos. La filología adquiere un valor fundamental ya que sin filología no hay Humanismo. Hablar de Platón y Aristóteles no es asumirlo en la frialdad de los libros llegados a través de traducciones o de textos comentados, sino tratar de buscar el significado genuino y soñar con descubrir sus ideas en su verdadera intensidad, pese a las deformaciones que habían sufrido a los largo de la practica medieval. Esa fidelidad histórica marca al pensador renacentista y sobre esa base, trazan sus trabajos y defienden en acaloradas polémicas, sus descubrimientos. Quizás la revelación más trascendente es el redescubrir las posibilidades que el hombre de la Antigüedad encontró en sí mismo, y que ahora se retoman para abrir nuevas sendas, que pronto veremos en escuelas y grandes filósofos, artistas, literatos, en fin, no se dedicaron a copiar el pasado, si a investigarlo en su mejor comprensión de aquella realidad que aunque lejana, se abre para llamar a una nueva creación, recrear hermoseando el espíritu con el saber del ayer y el rocío de un nuevo amanecer.  
Es tiempo de descubrimientos que adornan con un sentido de la estética que llega al alma y que mejor descifrar el lenguaje que llega al alma, que por la filosofía y las bellas artes. Por eso, en el Renacimiento tenemos tanto de filosofía en la literatura, la poesía y,  en general, en las bellas artes. 
Ese hilo conductor lo encontramos en Dante Alighieri, formado en la escolástica medieval, se hunde en el abismo para salir renovado por las aguas del Leteo y del Eunoé. De allí, a través de las esferas celestes, hasta el umbral del propio gran misterio, el de Dios. Así como Er regresa del viaje ultramundano en el mito platónico, Dante regresa para enseñar a la humanidad la necesidad de renacer para poder realizarse plenamente y esto solamente se logra volviendo a su principio. La Divina Comedia y toda la obra de Dante canta a la realidad humana a través del símbolo y la alegoría, donde expone las miserias humanas y la exigencia que tiene el hombre de reconocerla, comprender el llamado de renovación individual y renacer en un mundo en que predomina la renovación espiritual.
Toda la obra de Dante es un tratado de filosofía perenne, de esoterismo en su más genuina expresión, impregnado de neoplatonismo y de otras doctrinas de la época helenística. Su inmenso valor literario, se corona con el significado de sus alegorías y símbolos que resguardan el camino hacia la verdad inmanente.

Dante: La Divina Comedia
Adentrarse en el mundo de Dante por medio de la Divina Comedia, es ingresar a un universo de perfecto orden producto del poder infinito de Dios. Este viaje espiritual por la creación comienza en el Infierno, sigue por el Purgatorio, llega al Paraíso, para finalmente colocarse en ese estado fuera del tiempo y del espacio en que Dante es llevado ante Dios.   
Este mundo, el de Dante, es el de la Edad Media, pero cargado de esoterismo no exento de influencias helenísticas. Abajo, en el inframundo, arriba, se ubica Dios, el autor de este orden. Todo este entramado está perfectamente conectado, lo cual conforma un todo enigmático para quien desconoce las enseñanzas iniciáticas. El cosmos se presenta con un mensaje oculto en símbolos y alegorías, que escapa al lector no apertrechado de conocimientos herméticos.
En este viaje a través del universo de Dante, se encuentra un compendio del saber teológico de la Edad Media, enmarcado en la comprensión cósmica de una narración que te convoca a la transformación interior para alcanzar el cenit.
La narración no está exenta de simbología esotérica. El tres, el número sagrado de la Trinidad, de tanto significado en la filosofía perenne así como en la cábala, la masonería y en el hermetismo en general, se hace presente recurrentemente. La obra está dividida en tres partes: Infierno, la montaña de purificación o Purgatorio, y el Paraíso. Estos libros se componen en treinta y tres cantos cada uno, que sumados al canto introductorio, suman cien lo que equivale al número de la perfección: el Uno.
Tanto el Infierno, como el Purgatorio, y el Paraíso, están divididos en nueve tramos, o sea, tres al cuadrado. La métrica de la Divina Comedia, es el terceto o terza rima, o sea, se basa en el tres. Tres animales salvajes simbolizan la lujuria (la pantera), la soberbia (un león) y la avaricia (una loba).
El viaje al averno, y sus nueve círculos infernales, perfectamente simboliza el viaje al centro de la tierra donde fallece el ser profano y reinicia su existencia en búsqueda de la luz. Pero antes de llegar al camino de la luz, debe purificarse y para ello debe viajar a través del Purgatorio, con el fin de recrearse y hacerse digno de una calificación ética tras haber superado pruebas que demuestran estar liberado de los siete pecados capitales: soberbia, envidia, pereza, ira, gula, lujuria y avaricia. Para alcanzar a Beatriz, la amada de Dante, símbolo de la sabiduría, debe pasar por un muro flamígero, o la prueba de purificación por fuego. Lograda la prueba, llega al Cielo que también responde a un orden jerárquico conforme a la concepción ptolemaica del mundo, el cual, de acuerdo a las ideas de Aristóteles y Ptolomeo, en el centro se encuentra la Tierra y alrededor se hallan abovedadas siete esferas celestes en la que están fijados el Sol, la Luna y los planetas conocidos: Mercurio, Venus, Martes, Júpiter y Saturno. Sobre estas esferas, se encuentra la de las estrellas fijas y, rodeando este universo, la esfera primium mobile, que pone en movimiento este cosmos. Más allá de estos nueve cielos, se encuentra el Paraíso celestial, el reino de Dios o Empíreo.   
Recordemos que estas esferas celestiales no son regiones materiales, existiendo un mar de luz creciente. Dante finaliza su viaje cuando descubre la naturaleza de Dios simbolizada en una luz eterna, pura y brillante. Una vez contemplado el amor en su estado más excelso, transformado en su interior, retorna a la tierra.  







Bibliografía
Abbagnano, Nicolás. Historia de la Filosofía. Tomos I, II, III. Montaner y Simons, S.A. Barcelona, España. 1964.
Albornoz, Hernán. Diccionario de Filosofía. Vadel Hernmanos, editores. Valencia. Venezuela. 1990.
Audi, Robert (Editor). Diccionario Akal de Filosofía. Ediciones Akal. Madrid. 2004.
Dante. La Divina Comedia.
González, Zeferino. Historia de la Filosofía. Tomo II. Versiòn digital.
Martinez Echeverri, Leonor y Hugo. Diccionario de Filosofía. Editorial Panamericana. Bogotà. Colombia. 1997.
Schilling, Kurt. Desde el Renacimiento hasta Kant. 1ra  edición en español. UTEHA. México 1965.

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