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martes, 1 de enero de 2019

El Ara


Un momento especial en la vida iniciática del Masón es aquel cuando préstamo juramento ante el Ara. Allí nos comprometemos ante nuestra conciencia y ante el G.·.A.·.D.·.U.·., cumplir con los prístinos preceptos éticos que guían el devenir de la Gran Orden Masónica.

Los textos masónicos ubican el Ara en el centro del Templo, sin tomar en cuenta el Oriente, lo que nos permite inferir que debe estar entre los peldaños de la grada del Oriente y las dos columnas, “B” y “J”, situada en el Occidente. 


El Ara o Altar consiste en una mesa o columna de base triangular, elevada sobre tres pequeños escalones, cuyas caras miran hacia el Occidente, Sur y Norte respectivamente. Algunos autores señalan que en el Ara debe colocarse un cojín de forma triangular, tapizado en color rojo, ricamente adornado con flecos de color oro. Sobre este cojín se coloca el Volumen de la Ley Sagrada, (Biblia), la Constitución Masónica de la Gran Logia, una Escuadra, un Compás y una Espada Flamígera desnuda, esta última irá debajo de la Biblia con la punta hacia el Oriente.
El Ara representa la verdad velada por símbolos y alegorías, que todo Masón debe descubrir por la perseverancia, el estudio y la constancia en la práctica de todas las virtudes. Alrededor del altar se encuentran ubicadas, en forma de escuadra, tres pequeñas columnas, que representan la Sabiduría, Fuerza y Belleza, sobre los cuales se colocan cirios o estrellas que deberán permanecer encendidos durante el trabajo de la Logia.
Según Jorge Adoum (Las Llaves del Reino Interno), la forma triangular responde a “los tres altares en el tabernáculo, símbolo de la evolución: Altar de bronce o de sacrificio, altar del incienso y el altar de oro, cuyo simbolismo es el hombre antiguo, el hombre moderno y el hombre del futuro o superhombre”.  
Para referirse al Ara, Aldo Lavagnini, en el Manual de Aprendiz expresa: “es el símbolo de la elevación de nuestros pensamientos por medio del cual percibimos la realidad trascendente que se esconde bajo la apariencia contradictoria y llegamos a conocer la palabra, o sea la verdad, que es propósito íntimamente benéfico de toda experiencia, siempre extendida para nuestro progreso y bien, más verdaderos”. 
Adolfo Terrones Benites y Alfonso León García en su obra “Los 33 Temas del Aprendiz Masón” definen el Ara en los siguientes términos: “se le considera como representativo de la Eternidad, del Secreto, del Misterio, de lo Desconocido, de lo Abstracto, y en general de todas las Fuerzas Ocultas que existen en el Universo, como Arcanos de la Naturaleza; además, en lo material, el Ara es emblemática  de la Tumba,  o sea  del Sepulcro que recibe al hombre como el sitio propio para su Descanso Eterno”.
R. W. Mackey en su Lexicón de Masonería, hace la siguiente exposición referida al Altar: “Es el lugar en donde se ofrecían sacrificios a Dios. Después de la erección del Tabernáculo, los altares fueron de dos clases: de los sacrificios y del incienso. El altar masónico puede considerarse como la representación de ambas formas. De este altar se eleva constantemente el Gran Yo Soy, el grato incienso del amor, consuelo y verdad fraternales, mientras que sobre él quedan las indómitas pasiones y los mundanales apetitos de los hermanos como un apropiado sacrificio al genio de nuestra Orden”.
Vista la ilustración que nos ofrecen los autores señalados, podemos decir que el Ara es el lugar donde efectuamos nuestros juramentos, como manifestación visible de una energía invisible y trascendente y en el que hemos aceptado nuestros compromisos internos y hemos prometido cumplirlos. Está iluminado por las estrellas de la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza.
El Ara se comprende como el centro de gravedad del triángulo formado por el lugar del V:: M:. y los VVig:., siendo el punto central del Templo, a partir del cual, se organiza toda la Logia y los trabajos que en ella se realizan. De allí la ceremonia del encendido de las candelas y estrellas.
Recordemos que el Templo Masónico representa una relación espacio - tiempo. El Templo Masónico es un rectángulo extendido de Oriente a Occidente, es decir en dirección de la Luz. Su anchura es del Norte a Sur, desde la potencialidad hasta la plenitud, y su altura del Cenit al Nadir, desde el firmamento hasta el centro de la tierra. Esto quiere decir que prácticamente no tiene límites, es una representación del Universo.
Las Columnas, doce de ella, seis en las caras norte y sur sostienen el firmamento y rodea el Taller. Delimitan y establecen la pertenencia del lugar. Forman un espacio admirable.
El Templo está rematado con una bóveda por cielo, la cual nos recuerda que debemos aprender de las estrellas y la infinita distancia. El Templo nos contiene, del mismo modo que nos contiene el cosmos.
En el Taller desarrollamos la pragmática de la Liturgia. El rito es un símbolo en acción el cual es develado por cada hermano utilizando las herramientas que nos suministra la Masonería: el mazo, el cincel, la regla de 24 pulgadas, la escuadra, compás, plomada, nivel, entre otras.
Toda la enseñanza iniciática a la que el Masón se entrega sobre la base de la libertad de pensamiento porque eres tú, como microcosmos quien debe comprender las leyes universales del cosmos, de la existencia y del existir, se desarrolla teniendo como centro el Ara, porque allí se representa el centro del Universo, con la lámpara votiva como eje de la Creación, simbolizando su conexión con la estrella Polar, y esta a su vez como divisa del G.·.A.·.D.·.U.·.
En el Ara entregamos en holocausto nuestras pasiones, imperfecciones y errores humanos, para sobre sus cenizas construir el Templo de Virtudes con el cual todo Masón debe contribuir a la Gran Obra Universal del G.·.A.·.D.·.U.·.


Ap:. 18 sept, 2018 

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