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viernes, 14 de abril de 2017

“Los primeros teólogos”



      

Así llama Aristóteles a quienes burilaron mitos, cosmogonías y teogonías. El hombre primitivo observa la acción imponente de fenómenos que se manifiestan en el firmamento, en las estrellas, nubes, pero también en su propia vida, igual en la tierra, en el mar, lagos y ríos, en fin en lo alcanzable y lo que se vislumbraba más allá de lo físico.
Le da una explicación y la misma es elaborada sistemáticamente por magos, sacerdotes, agoreros. De allí vienen los ritos, las ofrendas y hasta los sacrificios. Se busca en el conticinio la explicación y se persigue la conexión que pueda dar el esclarecimiento convincente, bien por elaboración o apelando a la fe.
Los dioses surgen en el imaginario y el mito que sublima copa buena parte de la existencia del ser humano. Los griegos, o mejor expresado los helenos, nos dejan una maravillosa herencia en la materia, pero no son los únicos. También los persas, babilónicos, judíos y que decir de los indostánico o las culturas del lejano Oriente.
Los helenos construyeron poderosos dioses sobre la base de la belleza que presentían más allá de la observada en el ambiente terrenal. La alegría y el placer que sienten en sus sentidos, la valentía de sus hombres enfrentados a la naturaleza o a otros semejantes y hasta la venganza -pasión tan humana a domeñar- que la proyectan en los dioses y divulgan en los mitos.
Dioses y héroes se entrelazan y se transforman en nuevas divinidades. Ya lo denuncia Tertuliano y gana la fuerza suficiente con la teoría del heleno Emevero, para evidenciar a los dioses paganos como simple invenciones humanas. Pero en nada le quita sabiduría a los mitos ni dejan de ser una búsqueda de la verdad.
Aristóteles califica a Homero como el primer filosofo. Como bien dice Tucídides, filósofo es quien ama la sabiduría. Y que son los mitos. Un camino hacia la unidad desde la pluralidad. La búsqueda de lo simple, desde la diferenciación. Tratar de conocer el espíritu, la verdad, todo en los mitos. Platón aún los utilizaba, didácticamente, en su construcción filosófica.
Un punto interesante en la narrativa de la Grecia Antigua es que la comprensión de los acontecimientos depende de la voluntad de los dioses, pero sin descartar el obrar de los seres humanos. Aquí prende la idea del libre albedrío. Lo anterior se desglosa de la obra de Homero, en la cual existe unidad entre lo suprasensible y lo sensible, entre lo espiritual y el cuerpo, el dolor y la alegría, lo oscuro y lo iluminado; desprendiéndose la idea de que ambas fuerzas son parte de una unidad que se enriquece con la antítesis. Aunque es poesía, no deja de ser un indagar y presentir la sustancia, o sea, aquello que no necesita de algo anterior para existir. Y allí, siempre, se relaciona la acción del hombre.
Si bien Homero es poesía, al igual que Hesíodo es teología en cuanto que trata de los dioses, sus atributos y perfecciones.
Hesíodo, en su teogonía, construye un argumento lógico del nacimiento del mundo. Hay un momento en que pasa del mito a la teología. Despliega la creación y desarrollo del mundo en tres tiempos: el de Urano, el de Cronos y el de Zeus. En el origen, primero fue el Caos, ser asexuado y sin figura y lo describe como un abismo que se abre nada más, algo como el espacio vacío. Luego emergieron el primer ser femenino y masculino: la Tierra, madre de todos y Eros, dios del amor, del movimiento y la evolución. Del Caos sale Erebo, dios de las tinieblas y Nix, diosa de la noche. De la unión de Erebo y Nix, nacen Éter, el brillo fulmíneo, que participa de las propiedades del rayo; y la diosa del día, generándose la luz por la fuerza creadora de Eros.
Hay claramente una teología cargada de planteamientos filosóficos. Deja rápidamente la abiogénesis y da paso a creadores y creados, a las musas, hijas de Mnemosina, que a su vez es recuerdo y memoria. Hesíodo no enlaza cada musa con las artes y ciencias como posteriormente se encuentran en diversos escritos, para él lo importante es que representan el número nueve y son el coro de todo lo que alegra al ser humano y lo ennoblece. Allí hay mucho de esoterismo.
Estos mitos, además de la de Hesíodo, han dado origen a muchas teorías cosmogónicas. Con razón Aristóteles los llamo “los primeros teólogos”.
Isidro Toro Pampols
Publicado en malletesblogspot.com el 24 de diciembre del 2015



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